El terrorismo ha vuelto a golpear hoy a nuestra sociedad. Ha sido en Bruselas pero lo sentimos como se hubiera sido en nuestro país porque somos plenamente conscientes de que la amenaza es global. He de reconocer que, como mucha gente, no termino de estar preparado para asimilar estos terribles atentados, pero al mismo tiempo creo que se debe trabajar sin perder un minuto en la búsqueda de salidas.

Todos sabíamos que habría más atentados. Por desgracia, esa es una certeza que ya casi nadie discute. Siempre he creído que en la represalia tampoco está la solución, lo que no significa quedarse quietos. Hemos de ser contundentes a la hora de terminar con quienes se escudan en la religión para matar y masacrar en su nombre.

Sé que en estas situaciones son difíciles, pero creo que desde las instituciones públicas hemos de llamar a la calma y a la reflexión. Se han de articular medidas globales para una amenaza global en la que las desigualdades, el hambre y la penuria juegan un papel detonador de muchas situaciones. No podemos ni debemos estar permanentemente dando la espalda a lo que ocurre en una parte del mundo, incapaces de entender que sus problemas  terminarán por ser nuestros problemas.

El acuerdo adoptado el 20 de marzo por el Consejo Europeo con Turquía evidencia la absoluta insensibilidad de la UE y los Estados miembros ante la crisis humanitaria de los refugiados que arriesgan su vida huyendo de la guerra. Una posición vergonzosa que está siendo rechazada por la sociedad civil.

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