El Tribunal Constitucional acaba de anular la amnistía fiscal que aprobó el gobierno del PP con un duro correctivo a la actitud perniciosa que presidió esa decisión. Decisión absolutamente negligente para la paz y estabilidad social que precisa un país como el nuestro que continúa en la compleja salida de la crisis y que alguna de sus secuelas parecen ya irreversibles.

            El artífice de la permisión de practicar el fraude fiscal y que luego llegará algún político “amigo” de turno para reordenar esa injusticia – y esa ilegalidad – y poner el contador a cero del defraudador tiene nombres y apellidos y se llama Cristóbal Montoro.

            Montoro voló por los aires uno de los pilares de nuestra convivencia social que es el de participar con los impuestos del sostenimiento del Estado y generó un clima de absoluta indignación entre los españoles, además de una imagen en Europa de esas de ponerte la mano en los ojos y afirmar “estos no tienen remedio”.

            Hace un tiempo un catedrático de política fiscal me dijo que si tú hicieras una encuesta sobre pagar impuestos, más del 95% de los encuestados contestarían que no les gusta pagar impuestos y me añadió que cuando tienes que tomar decisiones sobre ellos hay que hilar muy fino, ser lo más justo posible y sobre todo cumplir con la Constitución para que exista la progresividad y saber que todos nos movemos en el esquema de que quien más tenga, más pague; para no quebrar así el pilar que antes hablaba.

            Pues Montoro lanzó el mensaje de todo lo contrario: Usted rico no pague impuestos, espere a que gobierne con mayoría absoluta, le haré una quita de lo que le debe a la Hacienda Pública y ya podrá pasear por la calle como un ciudadano ejemplar; y si esa defraudación viene de fondos de la corrupción – valenciana por ejemplo – pues ya cerramos el círculo de perversión.

            En definitiva, que ciudadano Montoro se tiene que ir de ministro, porque en todo este lamentable episodio de la amnistía fiscal, ha demostrado de todo, menos ser un ciudadano.