Siempre he creído que Elda tiene una importante riqueza histórica y cultural, con una gran diversidad de tradiciones compartidas de generación en generación, a diferencia de lo que algunos piensan intentando menospreciar o minusvalorar lo que somos como pueblo. Cierto es que nuestra ciudad quizá no tenga un gran patrimonio histórico, pero tenemos un importante legado de costumbres que forjan nuestra identidad como ciudad.

Como servidores públicos, tenemos la tarea de transmitir nuestras tradiciones y costumbres a las nuevas generaciones, recuperándolas como el caso de la Bajada de las antorchas desde Bolón, un evento que debe acompasarse con las cada vez más estrictas medidas de seguridad de la administración competente en prevención de incendios, en este caso la Generalitat Valenciana, para preservar nuestra montaña de cualquier peligro. Sin embargo, aunque sea con un número limitado, nos devuelve la estampa tan querida y apreciada por todos los habitantes del valle: mirar hacia Bolón para ver a los antorcheros.

Porque esa es la verdadera tradición, la de ver descender las antorchas. Y esa tradición se ha recuperado. Pero no hemos de detenernos ahí. Tenemos que seguir trabajando para que este evento único en el mundo adquiera la relevancia que merece. Para que esta bajada de las antorchas sea una seña de identidad que nos proyecte fuera de Elda y que al mismo tiempo sea esa fuente de ilusión en la tarde más mágica de todo el año como son las hora previas a la Cabalgata de Reyes.

Tomemos en cuenta que nuestros hábitos y costumbres caracterizan a nuestra comunidad; además fomentan la participación social y cultural, y fortalecen los valores colectivos de la tradición.