Siempre he creído que, para afrontar cualquier proyecto, hace falta ilusión, además de otras muchas cosas. Tener ilusión y tener la capacidad de trasladarlo a quienes te rodean: a los compañeros con los que compartes iniciativas, a todos los que colaboran para que las cosas salgan bien y a los que al final aportan su trabajo y buen hacer para que se haga realidad, es primordial a la hora de emprender una tarea.

Así me siento yo en estas primeras semanas al frente de la Alcaldía del Ayuntamiento de Elda. Porque, a pesar de los problemas y las dificultades, está la vocación de saber que puedes contribuir a mejorar las cosas. Cierto es que a veces no todo se puede conseguir, o que las cosas van más lentas de lo que a uno le gustaría, pero creo sinceramente que estamos sentando las bases para hacer del Ayuntamiento la verdadera casa de todos y todas las eldenses y que sea una administración cercana, comprometida y atenta a los problemas y las necesidades de todos y cada uno de los vecinos.

Durante este tiempo he aprendido muchas cosas y he tratado también de incorporar mis ideas a la idea de hacer un buen gobierno, pensando que con ello conseguiremos alcanzar las metas que nos hemos trazado. Y creo que estamos en el camino correcto. Lo digo desde la humildad, desde el respeto y desde el compromiso.

Por eso quiero compartir la ilusión con la que llegué y que mantengo intacta. Cada día, cada mañana al levantarme, al entrar a mi despacho y por la noche cuando apago la luz para volver a mi casa. Esa ilusión es la que ha de mover las cosas para que todo cambie y para que, cada día, nos sintamos más orgullosos de la ciudad en la que vivimos.